jueves, 19 de julio de 2007

- Dame el mejor beso que haz dado en tu vida - el la miró con extrañez, pero acercó su cara a la de ella sin pensar. Ella comenzó a sentirlo cada vez más cerca, ahora lo único que escuchaba era la respiración de él sobre la suya. Los labios temblorosos de él rozaron con los de ellas que también tiritaba por los nervios de la situación. Sus bocas se unieron y fueron uno... Él comenzó suave para no causar problemas, pero después continuó con lo que le ordenaron en un principio, si para qué lo iba a negar, es lo que siempre había deseado aunque nunca lo haya mencionado. El tiempo se detuvo por unos segundos o quizás unos minutos, pero para ellos seguramente fueron horas. Todo terminó pero la dulzura aún se sentía en sus bocas. Él comenzó a alejar su cara de a poco, deteniéndose un momento para verla unos momentos, su cara, esa cara que había admirado y deseado por tanto tiempo, estaba ahí, frente a él, observándola, descubriéndola, pero porqué, aun no lo entendía del todo, pero no quería saberlo, no quería descubrirlo, no se quería desilusionar. Pero mientras la miraba, ella bajó la mirada, no lo quiso mirar a la cara por mucho tiempo, no se atrevió. Ella sabía que lo que hacía era solo un juego, una prueba, era solo un plan para saber lo que se sentiría estar con él, pero ella no lo quería, no podía, no debía estar con él, no lo merecía, no lo sentía. Pero la mirada de él permanecía sobre la de ella que no estaba, que buscaba. Buscaba su mirada, buscaba una respuesta del porqué había hecho lo que hizo. Pero no había cambio, no había ninguna señal así que comenzó él. – Oye – ella levantó la vista, por lo menos había logrado lo primero que quería, cruzar la mirada por unos segundos - ¿Quieres pololear conmigo?- los ojos de ella se abrieron en mayor cantidad, esos ojos estaban sorprendidos por lo que veía, ella también lo estaba. El corazón comenzó a saltar de manera imprecisa, ahora sentía lo que se llamaba el corazón vuelto loco. Escuchaba sólo eso, no se escuchaba ella, por lo tanto no podía elaborar una respuesta cuerda, solo tenía claro que esa respuesta era un no. Pero antes de nada, porque realmente aun no hallaba las palabras precisas para decirlo, él la interrumpió con un beso en la boca, pero esta vez era distinto, ya no se sentía parte del juego, ya no era ella la que lo organizaba, esta vez había sido interceptada antes de planear su próxima táctica. – No, no puedo – y bajó la mirada, pareciera que era lo único que sabía hacer en esos momentos, bajar la mirada, esconderse en ella misma, aun sintiendo que estaba desnuda frente a él, y no había nada en que esconderse a mas de mil metros a la redonda. – Pero yo de verdad siento algo especial por ti – le explicaba él, o quizás le suplicaba. Y ella lo sabía, sabía que no era normal que él dijera esas palabras a cualquier persona. Mas que mal ellos habían sido amigos, y para peor, el casi pololo de una de sus amigas, entendiendo ahí lo difícil que era para él decir esa palabra, pedir esa señal de compromiso. El no era de esas cosas, a menos que de verdad lo sintiera. Y parece que esta era la ocasión. – Pero yo no, de verdad. Lo siento, yo no quería hacerte eso. Tu y yo simplemente no podemos, y tú lo sabes- ella trató de insistirle, de convencerle. –No, no lo sé, no lo entiendo, no te entiendo. Yo creí que te conocía, yo creí que podría... que podríamos....- él no era capaz de terminar, no sentía las palabras, no sabía las palabras que quería decir. Él tomó la misma postura de ella y bajó la cabeza, se dió por vencido, sabía que esta batalla no la ganaba. Nunca la quiso empezar para no salir herido ni herir a nadie, pero no la había empezado y se lastimó igual, sin quererlo, o quizás queriéndolo demasiado, mucho más de lo necesario.

Y ahí estaban los dos, con la cabeza baja, mirando el suelo. Ninguno era capaz de mirar a la cara al otro, ninguno quería decir nada, ninguno sabía qué era lo que había que decir. Nadie entendía nada. Además ya era hora de volver, se suponía que saldrían solo un momento, y ya ha pasado mucho tiempo, horas según ellos, solo minutos para el resto. Él no entendía, ella no quería asimilarlo, pero era hora de volver donde el resto, volver a como estaban antes, como si no hubiera pasado nada, aunque quizás no lo pasó, y es sólo una mala jugada de la imaginación, pero ahí están los dos, atreviéndose de a poco a mirarse a la cara. Y finalmente lo hacen, ella lo mira y con la misma cara de siempre, esa cara de la que él se enamoró y que aún cree que ama, esa cara que ya no se atreve a mirar como lo hacía antes, pero que se atrevió, hizo lo que siempre quiso y quizás lo que él siempre quiso también, aunque ninguno de los dos lo supo hasta el final. Ella aún temblando, le toma su mano como se supone que siempre lo habían hecho, empina un poco sus pies y acerca su cara a la de él, se acerca a su oído y le dice – Porfa, no se lo digai a nadie- y le besa la mejilla. Ella parte hacia donde estaban los demás, casi como dejándolo atrás, y él se quedó en el mismo lugar que habían estado siempre, se tocó la mejilla con la punta de sus dedos, como para sentirlo nuevamente, para asimilarlo, como para recordarlo por siempre. Miró para donde caminaba ella, -¡Espérame!- le grita y ella gira su cabeza sonriéndole, parecía que todo volvía a la normalidad.

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